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VOLAR CON LAS ALAS DE JUAN SALVADOR GAVIOTA
«Y entre el aquí y el ahora ¿No crees que podamos vernos una o dos veces?»
Esta frase me ha acompañado toda mi vida desde que llegó a mis manos el libro de Juan Salvador Gaviota de Richard Bach.
Mi padre el señor Augusto Galeano Restrepo fue un campesino que llegó a la ciudad de Medellín a trabajar desde muy joven como celador o sereno, en la Federación nacional de cafeteros Alma café y sin darse cuenta fue quien infundo en mi vida la poesía, ya que el mayor tesoro que pudo brindarnos fue la música y los libros. Mi hermana María Jacinta no tenía nada que envidiarle a la musa de las artes Caliope, ella fue mi verdadera inspiración. Mi papá le compraba semanalmente la colección de libros de literatura universal, los cuales devoraba y yo quería imitar. Debo de confesar que no tuve mucho éxito pero si muchos de aquellos libros fueron mis compañeros, en especial El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde del escritor Robert Louis Stevenson.
En aquel tiempo la televisión era mágica y daban las obras magistrales de la BBC de Londres y podía alternar el libro y la serie. Así me llevo mi hermana por el camino de los libros, el cine y el teatro de los que era asidua. Mi hermana Hermelina era a cambio muy musical, mi padre al igual le cumpía sus caprichos y a mi casa llegaban cada semana o al mes acetatos y libros. En los libros de mi hermana encontre poesía, en la música de Joan Manuel Serrat cante a Miguel Hernandez el cual más tarde descubriría. Gustavo Adolfo Bécquer, Federico García Lorca y por supuesto el guía de mi corazón de niña poeta, Mario Benedetti. En los tangos, pasillos y música más antigua de mi papá encontre a Julio Flórez, Amado Nervo, él sin saber que era poesía y yo sin saber que eran poetas.
Poesía en la música de mi hermana mayor que moría de amor por José Luis Perales, y así fui formando mi propio criterio hasta llegar a Pablo Milanés, Silvio Rodriguez, Victor Heredia y muchas poesías cantadas. Ah pero en la pintura hay demasiada poesía y yo tuve el privilegio de conocer desde adolescente a la gran Socorro Millán, escultora amiga de mi hermana Jota. Compartimos tanto y formamos lazos tan fuertes que fui la madrina de su segunda hija Estefania López Millán. Ella me dío mis primeros cuadros de óleo y mi casa no solo eran libros y música , si no también obras de arte.
Desde niña yo era diferente, de pensamiento profundo, casi filosófico o casi no, ¡filosófico!. Ya para mi época salió una colección más sencilla de libros y mi padre me comenzó a formar mi propia biblioteca.
Llega entonces La Divina Comedia Dante Alighieri ¡Dante! eso suena muy rico. Las novelas que mi mamá veía en su tv pequeño a blanco y negro , que ponía en la mesa de la cocina para preparar la comida y no perder tiempo también firmaron mi mundo fantástico. Escuchaba el nombre de aquellas villanas «Doña Barbara» Débora» así no suena tan malvada, Devora Dante así, sí.
Nace mi seudónimo, mi alterego de escritora sin saber ni desear ser escritora. Solo quería ser una de esas villanas o menos malas pero no la buena. No poesías de amor sumiso, de desamor o venganza, pero de amor total. Así me firmaría desde niña, las paredes de mi casa lo mostrarían y mi padre me decía, «la pared y la muralla son el papel del canalla». Y me traía cuadernos, hojas, libretas que llene del diario vivir, de diálogos, cuentos, historias o confesiones.
El poeta nace o se hace, pregunta recurrente que comencé a escuchar, ese era más dulce a «usted no es poeta» , o más dura «es una pésima poeta».
Mmm no que no soy poeta, mala pero lo soy. Y nací pero todo lo que les he contado me formo, nací especial, puedo jurar que los artistas son, somos especiales. Es algo que no se puede explicar ni ocultar. Nos vestimos diferente, hablamos diferente y no nos cuesta. Comencé a volar con las alas de Juan Salvador Gaviota y me ha llevado por lugares extraordinarios. La cocina fue mi lugar favorito para escribir, la inspiración llegaba en los momentos más impropios y tocaba dejar el plátano y tomar el boligráfo que reposaba muy cerca de mi alcance. La lluvia como inspiración, el café con amaretto dulce compañía. Nada más poético que la lluvia, que las tormentas torrenciales y por supuesto esa bebida que despierta todos los sentidos, dulce, oscuro, fragante y alicorado café con amaretto.
La lluvia me cantaba, susurraba constante a mi oido sus contantes vaivenes amorosos y aquella musa inquieta y prolífica entonces me amaba. Me era generosa y jugueteaba con mi imagiación me daba hoja por hoja y despues de muchos años nació LOS CANTOS DE LA LLUVIA de la editorial Akerena. Comienza entonces mi vida como poeta, la poeta que solo era la mamá de dos chicos que no estaban costumbrados a una madre ausente, por eso mi hermana Jota me ayudaba e iba a las lecturas de las tertulias y creían que ella era Devora Dante. Todo iba muy bien hasta que le preguntaron como nació cada poema, el porqué y me dice «coja su librito y vaya lea sus poemas y yo le cuido a los niños».
De los dos niños Andrea Ruiz no se dejó cuidar y siguió a su mamá poeta convirtiéndose en mi sombra, o mejor en mi luz, mi reflejo. Tomaba las fotografías y grababa dos horas seguidas cada conferencia tratando de no temblar. La poesía era muy importante en mi vida, pero conocer la vida de los escritores y artistas lo era más.
Pase de ser la protagonista y ser vista a mostrar el talento maravilloso de mi ciudad, mi país y atraer los ojos del mundo a lo que hacemos. Nace ConverArte programa que cumplió 10 años contando historias, presentando libros, y aquella niña que grababa con su camarita fotográfica es su CEO.
Yo volé con las alas de Juan Salvador Gaviota, soy la fundadora de un programa internacional que amo y la Directora Global de Mujeres de Poder stronger Together, pero ese es otro cuento.
Si me preguntas si el artista nace o se hace, te diré siempre que nace y si es valiente se construye día a día, viviendo, estudiando pero sobre todo defendiendo su esencia. Qué si soy poeta, eso dicen y eso respiro por cada poro.
¿Qué es el éxito?
Ser feliz, y es tu decisión, donde no seas feliz no te quedes, donde no eres feliz no es real.
Dévora Dante




La historia de Devora Dante es un viaje poético en sí mismo. Desde aquella niña que descubría la magia de los libros, la música y el arte en el calor de su hogar, hasta la mujer que tomó un seudónimo nacido entre villanas de telenovela y la grandeza de Dante, todo en ella respira autenticidad. Admirable cómo convirtió la lluvia, el café, la música y la memoria familiar en inspiración, y cómo con valentía dio forma a una voz propia que hoy no solo escribe poesía, sino que impulsa y visibiliza el talento de otros a través de ConverArte. Devora Dante no es solo poeta: es un testimonio de que el arte se vive, se construye y se defiende con pasión y coraje.